Dicen que los polos opuestos se atraen, o quizá que Dios los cría y ellos se juntan. Sea como sea, aquí estamos. Después de 12 años aguantándonos las manías, robándonos comida del plato y debatiendo qué serie ver en Netflix, hemos decidido firmar el contrato indefinido. Rodrigo pone la calma (o eso intenta) y Anna pone la chispa (o el caos, según se mire), formando un equilibrio que no cambiaríamos por nada del mundo.